¿Cómo provocar mayores orgasmos de pezón?

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Podemos olvidarnos del pene, de la vagina y del clítoris, especialistas de todo el mundo están hablando de la nueva zona erógena

Foto:elconfidencial

(Caracas, 08 de febrero.) – Podemos olvidarnos del pene, de la vagina y del clítoris, especialistas de todo el mundo están hablando de la nueva zona erógena de moda, la cual proporciona una gran satisfacción.

Una investigación publicada en el ‘Journal of Sexual Medicine’ en el año 2011, refleja que la actividad cerebral de diversas mujeres, al manipular los pezones, se disputa el nivel de popularidad, con el clítoris. Los investigadores, encabezados por el psicólogo de la Universidad de Rutgers Barry Komisaruk, descubrieron que cuando se masajeaban los pezones se activaba la misma región cerebral que cuando se estimulaba la vagina.

Sospechando que puede tratarse de que como ocurre en la lactancia, se libera oxitocina y esta, a su vez, provoca contracciones del útero. De hecho, aseguraron los investigadores, muchas lactantes han manifestado sentir placer cuando estaban amamantando sus hijos, una experiencia que puede ayudar a cerrar este misterioso círculo.

El misterio de la areola

No se trata de la única investigación que ha abordado este tema. Otra de las más relevantes es la llevada a cabo por el doctor Herbert Otto a finales de los ochenta y que aseguraba que alrededor de un 29% de las mujeres reconocía haber experimentado un orgasmo de este tipo en un momento u otro de sus vidas sexuales. ¿Qué se siente cuando se tiene un clímax de pezón?

Una sensación de irradiación desde el pecho, muchas veces producida por la estimulación. El doctor señalaba que, al parecer es la segunda clase de orgasmo más frecuente, después del de clítoris. Y aunque es una aseveración, cuando menos, discutible, sí pone de manifiesto que se trata de una realidad menos excepcional de lo que pensábamos.

Las diferencias entre las reacciones cerebrales, según el MRI. (Wiley Publishing/Barry Komisaruk)

Ahora que ya sabemos que es posible, ¿cómo podemos hacer para conseguirlo? Es tan sencillo (o complicado, según se mire) como con cualquier otra parte del cuerpo. Basta con juguetear con ellos, eso sí, sabiendo qué se trae uno entre manos.

Un pequeño artículo publicado en ‘My Tiny Secrets’ por Adina Rivers proporciona cuatro útiles pasos para recorrer este camino: apretar y estrujar, imprescindible para provocar su rápido endurecimiento; lamer, preferiblemente en movimientos circulares (no necesita mayor explicación); chupar; y, por último, intensificar. O, dicho de otra forma, darle caña en los momentos finales. Además, hay que tener en cuenta que, en el caso de las mujeres, sus pezones son más o menos sensibles según la parte del ciclo menstrual en la que se encuentren.

Por supuesto, no todas las mujeres reaccionan igual a esta estimulación, de igual manera que tampoco lo hacen con la penetración vaginal o anal o el masaje de clítoris.

Como señala la educadora sexual Carlyle Jansen en un artículo publicado en ‘Alternet’, para muchas, que les laman un pezón produce un placer semejante al que sienten cuando les lamen el codo. Además, apunta una explicación muy interesante al auge de los pezones: debido a que vivimos en una cultura obsesionada por los pechos.

Si lo duda, eche un vistazo a las portadas de las revistas, eróticas o no, del kiosko),conferimos a dicha parte del cuerpo cualidades que habrían podido tener otras de habernos centrado en ellas. En realidad, añade, gran parte de nuestras costumbres sexuales son aprendidas, por lo que si pensamos que los pezones deben proporcionarnos placer, es probable que así sea cuando los estimulemos en la cama.

Los secretos para un orgasmo de pezón.

La diferencia, añadía Jansen en dicho artículo, es que al contrario que ocurre con las mujeres, los hombres siguen siendo muy unívocos en sus fuentes del placer.

Dicho de otra manera, salvo en contextos excepcionales como las relaciones sadomasoquistas (en las que el cuerpo entero, incluso el dolor que en él se genera,pueden resultar fuentes de placer), siguen preocupándose única y exclusivamente por sus penes, principio y fin de toda relación sexual. Algo que provoca que, una vez comienzan a sufrir problemas de erección, lo den todo por perdido y no busquen vías alternativas.