POR: ISABEL VALLEJO JIMÉNEZ
Tomado de elcolombiano.com
“Alguien me da un fuerte codazo en el pecho, pero cuando me fijo no hay tal alguien. Mi corazón galopa como si llevara las riendas de aquel carruaje absurdo. La sangre bombea con tanta fuerza, que hasta la siento latir en los párpados. Mis amigas están a mi lado, pero están en otra parte; las veo a ellas —a todo— a través de una envoltura invisible; a través de un espacio vacío que tiene densidad y volumen”.
Así narra la periodista argentina Ana Prieto, en el libro de su autoría Pánico, diez minutos con la muerte, una parte de un episodio imborrable de su vida, el día en que sufrió un ataque de pánico, uno de los trastornos de ansiedad más frecuentes y que afectan al 30 % de la población mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero que tiene tratamiento y puede mantenerse al margen.
Palpitaciones, sudoración, temblores, falta de aire, sensación de atragantamiento, malestar torácico, náuseas, mareos, miedo a perder el control, a volverse loco o a morir, adormecimiento en manos y pies y escalofríos son algunos de los síntomas que puede sentir una persona durante una de estas crisis, indicios que pueden confundirse con un infarto, lo que hace en ocasiones que el diagnóstico no sea el adecuado.
Camino indicado
“Los pacientes llegan al psiquiatra después de haber consultado dos años a diferentes médicos, cardiólogos e internistas, por lo que es importante que le cuenten al médico con detalles lo que le sucede. Que alguien tenga una crisis de pánico no es grave, lo que pasa es que produce muchas alteraciones en la vida de la persona”, explicó el doctor Antonio Carlos Toro Obando, psiquiatra y jefe de Posgrados de la Facultad de Medicina, de la Universidad de Antioquia, en Medellín. El 75 % de los pacientes, agrega Toro Obando, presenta agorafobia, que significa sentir un miedo intenso a las multitudes, a los puentes o a estar solo en espacios exteriores, en los que no puedan recibir la ayuda adecuada en caso de un ataque. “Se empiezan a encerrar, a no salir, se retiran de las universidades, no vuelven a montar en bus, evitan ir a un supermercado o salir de la ciudad”, puntualizó el experto.
Factores de riesgo
Existe un importante factor hereditario en el origen de un ataque de pánico. Riesgo que, sumado al consumo de alcohol, drogas alucinógenas, bebidas estimulantes y café, así como sobrellevar una depresión, aceleran su aparición. Lo recomendable, entonces, es familiarizarse con el tema y buscar la ayuda especializada.
“Hay individuos que pueden tener solo un episodio en su vida. Sin embargo, es importante hacerle seguimiento al caso por unos seis meses, para luego evaluar si se requiere o no un tratamiento”, explicó la psiquiatra de enlace del Hospital San Vicente Fundación, Lina Escobar Gómez.
Normalmente, un ataque de pánico tiene una exacerbación con una duración menor a 30 minutos, quedando un temor profundo en quien lo padeció de que le vuelva a ocurrir en un momento inesperado.