Un albergue solidario ayuda a venezolanos a empezar de cero en Perú Inf.pág 13

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Un grupo de inmigrantes venezolanos conversan con el empresario textil Renee Cobeña (c) en el interior de la vivienda donde temporalmente residen en uno de los distritos mas populosos de la capital, San Juan de Lurigancho, y que Cobeña alquila para darles albergue, en Lima (Perú) EFE / Ernesto Arias
La solidaridad y caridad imperan en el improvisado albergue que un pequeño empresario peruano ha instalado para dar un primer techo a los venezolanos recién llegados a Lima, desde donde intentan comenzar una nueva vida a la que se vieron abocados por la crudeza de la crisis que atraviesa Venezuela.
Al inicio apenas había una decena de huéspedes, pero ahora ya superan el centenar y no paran de llegar, muestra de la masiva migración de venezolanos, que ya supera los 200.000 en el caso de Perú, según las últimas cifras oficiales.
Fotografía tomada el 25 de abril de 2018, de un grupo de inmigrantes venezolanos en una habitación de la vivienda donde temporalmente residen, en uno de los distritos mas populosos de la capital, San Juan de Lurigancho, en Lima (Perú) EFE / Ernesto Arias
“Mi Whatsapp revienta todos los días”, confesó a Efe el empresario textil Renee Cobeña, quien paga de su bolsillo el alquiler del local sin pedir a sus huéspedes nada más a cambio, excepto que encuentren un trabajo para que así puedan mudarse y dejar hueco en el albergue a otros compatriotas.
En el albergue no solo se ofrece desayuno, almuerzo y cena gracias a las donaciones hechas por otros peruanos, sino que también se da la oportunidad a sus huéspedes de generar sus primeros ingresos en Perú con la venta ambulante de comida.
“Acá el que llega y no trabaja en una semana es porque no quiere. De repente quieren un trabajo de gerente o jefe como algunos lo eran allá, pero aquí han venido a empezar de cero”, comentó Cobeña, quien es el presidente del Frente Nacional de Defensa de la Mediana y Pequeña Empresa (mype).
Sin ningún tipo de ayuda gubernamental, el mismo empresario adquirió cinco carritos para la venta de hamburguesas, arepas, bombas y tizana, otro gasto que le ha obligado a vender casi todas las máquinas que tiene en su taller del emporio comercial de Gamarra, también en Lima.
“Muchos amigos de Gamarra me toman por loco”, agregó Cobeña, quien afirmó que lo hace porque ha sido inmigrante durante diez años en Japón y Corea del Sur y conoce lo que es dormir en una estación de autobuses y ser discriminado por ser extranjero.
En el albergue hay hombres, mujeres y niños llegados desde cualquier punto de Venezuela, tras atravesar Colombia y Ecuador en un viaje de alrededor de una semana en autobús, para cuyo pasaje, con un coste de alrededor de 300 dólares, se vieron obligados a vender casi todas sus propiedades.
Carla Gámez, de Tinaquillo, en el estado de Cojedes, llegó hace cinco días al albergue y contó a Efe que tuvo que vender su vivienda, incluidos los muebles, para costear los pasajes de su marido y tres hijos, uno de ellos autista.
Aunque era reticente a abandonar Venezuela, tomó la decisión al percatarse que se le agotaban las provisiones del medicamento que necesita para tratar la miastenia grave que padece.
“Sin esta medicina no hablo ni camino”, dijo Gámez, cuyo marido, que en Venezuela se desempeñaba de chófer, había salido a buscar un empleo cerca del albergue, situado en el distrito limeño de San Juan de Lurigancho, el más poblado de la capital peruana.
Sin embargo, no todos pueden emigrar con sus hijos y se ven obligados a dejarlos en Venezuela a cargo de familiares mientras intentan ahorrar el dinero para traerlos, como les sucede a Jesús Sánchez y Jennifer Rivero, una pareja de médicos de Valencia que vendieron sus equipos para llegar a Perú en febrero.
Los dos médicos, que intentan brindar servicios de salud en el albergue, pidieron ayuda para reunir el dinero que les permita traer a su hijo. “Es muy doloroso saber que aquí puedes comer algo que tu hijo no puede comer allí”, apuntó Rivero.
En una situación similar están Ronald Treco, de Caracas, y Carolina Morales, de San Juan de los Morros, en el estado de Guarico, quienes apelan a la solidaridad para poder costear los pasajes de sus seis hijos, a los que no ven desde que hace cuatro meses.
“Hasta ahora están con mi mamá, pero ya me ha dicho que no los puede mantener. Por eso pedimos colaboración, a nosotros se nos hace muy complicado juntar todo el dinero”, rogó Morales.
A pesar de las dificultades y el trabajo esporádico, Ángel Rivero, técnico naval y abogado de Valencia, con tres hijos en su país natal, animó a sus compatriotas a emigrar porque “aquí en Perú puedes ganar en un día lo que en Venezuela te cuesta un mes”.
Es así como la presencia venezolana se hace cada vez más notoria en Perú, donde los inmigrantes de este país tienen facilidades para obtener la residencia y hacer la vida que las circunstancias le impidieron en Venezuela, reseñó Efe.