Roque Cividanes.
Mineros de Guayana, no logró cuajar un buen partido la noche del miércoles en el estadio “Agustín Tovar” de Barinas y terminó cediendo por segunda vez una final ante el Zamora, ésta en el Apertura del 2018, dejando en el ambiente, que le sienta mal el llano.
El panorama no era fácil para el negriazul en el “partido de vuelta”, tras haber igualado a uno en el CTE Cachamay en la ida, pues un empate a cero igual le daba la corona a los albinegros y otro empate a uno, lo más que podía provocar era una definición desde el punto penal.
Desde esa tesis, la consigna era poner en la cancha una determinación inquebrantable en busca del máximo galardón, pero la “pandilla del sur” se fue diluyendo conforme fueron corriendo los minutos, en un té carente de argumentos de peso, para lograr tomar ventaja en el marcador y luego sostenerla.
Mineros comenzó paulatinamente a bajar la guardia, a manejar el cuero con menos precisión, a salir del fondo con menos autoridad, a pelear las pelotas cerca o dentro de su área con menos convicción y a actuar con menos energía a medida que la transpiración parecía correr a chorros por cada camiseta y por los rostros de los protagonistas, dejando adivinar una sofocante temperatura.
Un mano a mano de Danny Pérez alrededor de la hora de combate, que no terminó en tanto por el flojo disparo del delantero y una jugada previa al gol, por el costado derecho de la zaga minerista, encendieron las alarmas, e hizo entender, que había varios que miraban, que parecían más estáticos de lo recomendable (quizás por el cansancio).
Finalmente llegó el tanto de la diferencia, un gol de Erickson Gallardo, que a la distancia, pareció evitable, si la pelota era despejada correctamente desde la franja izquierda del ataque barinés, por donde comenzó la jugada y que terminó, derivando para el flanco derecho, por donde entró el citado atacante, “solito con las estrellas”, venciendo una resistencia algo débil del cancerbero Santilli.
Como colofón, con el encuentro ya en sus postrimerías, otra jugada puntual, hizo comprender que Mineros no tenía como conjurar el embrujo del llano, pues con un tiro libre de enorme riesgo para el marco local, entonces el bolivarense “Chonchón” Gómez, que parecía iba a rematar al arco o en todo caso a poner una pelota con mucho feeling sobre el área para buscar un golpe de cabeza, desde una posición de “semi corner” por el sector derecho del ataque guayanés, sirvió un centro raso atrás para Angelo Peña, que estaba fuera del área, en posición envidiable para rematar directo y casi sin marcas, pero el volante estaba distraído, quizás pensando en que el esférico iba a tener otro destino y la oportunidad diáfana, se transformó en la última mueca de decepción, de un equipo que no hizo la tarea en casa y tampoco en la carretera.
Volvieron las imágenes de aquella angustiosa final de Copa Venezuela, en la que Mineros ganó con el agua al cuello 5 a 4 a Zamora, luego de contar con una ventaja prácticamente imposible de superar y hace unos cuatro años atrás en la final absoluta cuando cayó ante el mismo cuadro barinés.
El trabajo, el esfuerzo, la dedicación, el tesón, el sacrificio y la constancia que necesita todo un grupo de trabajo para afrontar una temporada y llegar hasta la instancia decisiva, requiere ese empujoncito final que Mineros no ha podido tener…especialmente en el caluroso llano.